Éste no es un día de fiesta; éste es un día de recuerdo, de rememoración. Un día para mirar hacia atrás, más allá y dentro de la frontera de la Patria y rendir un homenaje a todos aquellos que, en distintas latitudes, cayeron luchando por hacer más digna la vida del hombre y conquistar la auténtica libertad.

La conmemoración de hoy, Día del Trabajo, tiene su origen en el deseo de rendir homenaje a los mártires de Chicago, los obreros que lucharon para obtener que se respete la jornada de ocho horas laborables, declarándose en huelga y amenazando con el paro, pero también con manifestaciones públicas que dejaron un número no determinado de muertos, tres condenados a prisión y cinco a muerte en la horca.

Hoy, este es un día para plantear reivindicaciones sociales y laborales pero, más que eso, es, debe ser, la oportunidad para reconocer el inmenso aporte de los trabajadores al desarrollo de los pueblos.

Entre nosotros, será también un día que nos lleve a reflexionar en las causas por las que muchos ecuatorianos no podrán celebrar, sino más bien lamentar que carecen de trabajo.

Al terminar el 2016, la cifra de desempleados era 410.411 y la de empleos inadecuados o subempleos 4’203.789, por lo que la precariedad laboral afecta a un alto porcentaje de la población económicamente activa, que tiene derecho a la realización personal, familiar y social, que un empleo estable permite.

Estamos en un momento de transición y este es uno de los aspectos que debe merecer atención prioritaria, porque es un derecho y porque el respeto a la dignidad humana lo exige.

VIAwww.eluniverso.com
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