El historiador Aquiles Pérez hace detenida referencia al topónimo de la siguiente manera:

“Macas, pueblo prehistórico, cuya etimología la definimos en estos idiomas:

  1. Del jíbaro maca (ndúa), el azor (una ave); de macá (ngi), serpentón venenoso; de maca (yé) mimbre para hacer canastas.
  2. Del mocoa maca, cosa; de maca (miña), árbol de Brasil
  3. Del ayamara maca, parecido; de maca (y), golpear; de maca (cha), cántaro muy grande; de maca (ya), maldiciente, insultante.
  4. Del quichua macas, cántaro mayor. La del quichua guarda relación con los grandes cántaros arqueológicos descubiertos en la zona de Gualaquiza.

A pesar de las múltiples posibilidades lingüísticas que ofrece el autor, ninguna de ellas, a excepción del shuar o del quichua son las que deben corresponder al nombre de Macas. El ave azor de alas y pico negros, manchada de blanco en su plumaje ceniciento es un ladrón de presa alta y ese es el que corresponde a la región oriental de Huamboya. Posiblemente los topónimos Macas en Cañar, Maca Chico y Maca Grande, en Poaló de Cotopaxi, corresponden a los idiomas Aymara y Quichua. La mera semejanza de estos homónimos no puede, en ningún momento, desvirtuar el significado real del topónimo Macas. Manifestamos mucho antes que la influencia de las incursiones shuar a Macas, Palora y Huamboya fueran permanentes, por lo mismo su lengua, así fuera en mínima proporción, dejó su sello característico en la geografía de la región.

El mismo autor abona un criterio real al respecto, cuando dice que a la macandúa la crearon y mantuvieron con fines religiosos y la consideraron como una deidad, en homenaje de la cual le pusieron el “nombre de Macas a la planta (ciudad) fundada en 1563”.

 

TOMADO DEL LIBRO: Historia Colonial del Gobierno de Macas, 1563-1820, Alfredo Costales, C.C.E., Núcleo de Morona Santiago, Pág. 56 – 58. IR AL LIBRO

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